martes, 30 de abril de 2013

LOS FARAONES NO VIVIAN COMO SE CREIA


En un estudio conjunto entre dos universidades hispanas llegaron a la conclusión de que la clase social más alta del antiguo Egipto en realidad convivía con infecciones, estaban desnutridos y morían relativamente jóvenes.
Foto: Universidad de Jaén
Una nueva investigación a cargo de las universidades españolas de Granada y Jaén determinaron que los faraones egipcios no vivían con la opulencia que se pensaba y que en realidad sufrían desde malnutrición hasta enfermedades infecciosas que los condenaban a morir antes de los 30 años.
El trabajo realizado por científicos del laboratorio de antropología física de la Universidad de Granada, que dirige el profesor Miguel Botella no sólo entregó información sobre sus características físicas, sino también sobre las condiciones de vida en el Antiguo Egipto en base a las 200 momias y esqueletos que encontraron.
“Aunque el nivel cultural de la época era extraordinario, el análisis antropológico de los restos humanos revela que la población en general y también los gobernadores, la clase social más alta, vivían en condiciones de salud muy precarias, en el límite de la supervivencia”, explicó el profesor Miguel Botella.
Los nuevos datos son parte de las conclusiones a las cuales llegaron los investigadores del proyecto Qubbet el-Hawa, una excavación que se realizó en la tumba número 33 de la necrópolis con el mismo nombre de la investigación, que se encuentra frente a la ciudad de Asuán, a unos mil kilómetros del Cairo.
Los antropólogos de la universidad afirman que la esperanza de vida apenas llegaba a los 30 años, “ya que sufrían muchos problemas de malnutrición y trastornos gastrointestinales agudos, debido al consumo de agua contaminada del Nilo”.
Esto quedó demostrado cuando se percataron de que los huesos de los niños no presentan marcas, “Este hecho nos confirma que murieron debido a una enfermedad infecciosa aguda”. Además, los investigadores han hallado en la tumba una gran cantidad de momias pertenecientes a jóvenes de entre 17 y 25 años.
Sobre la tumba número 33 se sabe que fue construida durante la XII Dinastía (1939-1760 a. C.) para albergar el cuerpo de un alto dignatario de la región de Asuán del que, por el momento, se desconoce su identidad. Luego fue reutilizada en al menos tres ocasiones por las dinastías XVIII, XXII y XXVI.
Esto transforma el yacimiento en uno de los más grandes de la necrópolis y posee una gran potencialidad arqueológica, ya que alberga al menos una cámara intacta en su interior, la cual los investigadores esperan volver a examinar cuando regresen a Egipto.

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