lunes, 30 de julio de 2012

Cronologia de los faraones

El primer problema que se presenta al estudiar la cronología es que los antiguos egipcios no utilizaron un único sistema para fechar. No tenían ningún concepto de una era similar al Ab urbe condita romano, el Anno Domini cristiano o la Hégira musulmana, ni siquiera algo parecido al concepto limmu usado en Mesopotamia. Por lo tanto fuerzan al cronólogo a compilar una lista de faraones, determinar la duración de sus reinados, y ajustar los posibles interregnums o corregencias. Esto conduce a otros problemas:

    Todas las listas Reales de Egipto son parciales, pues faltan partes del texto (por ejemplo, el canon Real de Turín), o bien el texto está completo pero no proporciona una lista completa de reyes, aunque solo falte un período corto de la historia egipcia.
    Hay información sobre el mismo reinado que está en conflicto en diversas versiones del mismo texto; el historiador Manetón es conocido solamente por referencias que a él hicieron escritores posteriores, tales como Eusebio de Cesarea, Sexto Julio Africano y Jorge Sincelo. Desafortunadamente las fechas para un mismo faraón varían, a menudo sustancialmente, dependiendo de la fuente intermedia.
    Se carece de datos exactos de la duración de los reinados de casi todos los reyes de Egipto.

Sincronismos

Una manera útil de trabajar sobre estas lagunas de conocimiento es encontrar sincronismos cronológicos. En las últimas décadas se han encontrado muchos, con distintos grados de confiabilidad.

    Sincronismos con otras cronologías. El más importante es con las cronologías asirias y babilónicas, aunque también se utilizan los que hay con los hititas, Palestina antigua, y en el período final con Grecia antigua. El más antiguo de tales sincronismos aparecen en el siglo XV a. C. durante el período de Amarna, época de la que se conserva una cantidad considerable de correspondencia diplomática entre los reyes egipcios Amenhotep III y Ajenatón con varios monarcas del Oriente Medio. (véase la Cronología del Antiguo Oriente Medio.)
    Sincronismos con las inscripciones referentes al entierro de los toros Apis, que comienzan en el reinado de Amenhotep III y continúan en los tiempos de los Ptolomeos, aunque falta información entre Ramsés XI y el año vigésimo tercero de Osorkon II. La poca documentación encontrada en el Serapeum también aumenta las dificultades al usar estos expedientes.
    Sincronismos astronómicos. El mejor conocido de éstos es el ciclo de Sotis y el estudio cuidadoso de éste condujo al egiptólogo Richard A. Parker a afirmar que las fechas de la dinastía XII se podrían fijar con precisión.1 Investigaciones más recientes han debilitado esta teoría, cuestionando muchas de las suposiciones habituales del ciclo de Sotis, y haciendo escépticos a algunos expertos.2 Por ejemplo, Donald B. Redford, para fijar las fechas del final de la décimo octava dinastía ignora el ciclo de Sotis, confiando en los sincronismos entre Egipto y Asiria y con ayuda de observaciones astronómicas.3
    Datación por radiocarbono: se usa en en excavaciones arqueológicas, ya que los restos de materias orgánicas contienen porcentajes carbono-14 que disminuyen con el transcurso del tiempo, indicando cuando murió el fragmento vegetal estudiado. He aquí algunos resultados:

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