martes, 24 de julio de 2012

La peluqueria en el Antiguo Egipto

Peine Nagada II Peine de marfil Nagara II
Sus peines estaban generalmente fabricados en hueso, marfil o madera, y algunos eran dobles, es decir con unas puas separadas para peinar y desenredar, y las otras muy tupidas. Esto nos hace pensar en unos peines que algunas personas hemos visto por nuestras casas en tiempos pasados, y que recibían el curioso nombre de ¿lendreras¿. Y efectivamente servían para arrancar las liendres adheridas a los cabellos. En el caso de estos peines egipcios su uso pudo muy bien haber sido el mismo.
Si bien para peinar el cabello natural debieron utilizar peines de puas separadas. No olvidemos que su pelo natural debía ser rizado y las puas separadas tirarían menos del pelo.
Para los arreglos de las pelucas además de los peines debieron utilizar otros instrumentos. Frecuentemente vemos en las representaciones como una peinadora está de pie detrás de su señora sentada cuidando su peinado. Esta peinadora no suele aparecer con peine alguno en las manos, sino más bien con algún tipo de horquilla o gancho para entrelazar o trenzar los mechones. Y también suele dejar algún mechón sujeto con una de estas horquillas, mientras trenza otro. Cuando hablamos de horquillas lo hacemos por dar una idea del uso, ya que en realidad eran más bien alfileres fabricados igualmente en hueso o marfil.
Instrumentos de peluquería
Escena de peinadora Din. XII
Para conseguir rizos uniformes o bien ondas en un pelo simplemente ondulado o totalmente liso contaban con tenacillas que calentaban al fuego. Las asas de estas tenacillas estaban hechas de algún material aislante para no quemarse al manipularlas.
Para lograr los tirabuzones en las pelucas, enrollaban el pelo en palitos de metal calentado o usaban las tenacillas. Esto daría forma a los cabellos, aunque de manera pasajera. El otro sistema sería enrollarlos a palitos de caña redonda y sumergirlos en la consabida cera y resina. Una vez secos, se rompería la caña y el tirabuzón quedaría hecho y rígido.
Una vez peinada y cuidada la peluca debía guardarse en un lugar adecuado para que no se maltratase y perdiera la forma. Para ello en muchos ajuares funerarios se han encontrado cajas para contener las pelucas. Suelen ser unas arquetas cuadradas con un soporte interior donde poner la peluca. La tapa es superior. A la mente de todos viene la caja de peluca de Tutankhamon, o la de Merit, la esposa del arquitecto Kha, cuyo completísimo ajuar funerario nos ha arrojado mucha luz sobre temas de vida cotidiana.

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