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jueves, 27 de diciembre de 2012

LA SOCIEDAD EGIPCIA


La sociedad egipcia se presenta como enormemente jerarquizada y con elevados grados de dependencia, entre el extremo más alto, el del faraón, hasta el más bajo, los esclavos, generalmente prisioneros provenientes de las guerras con otros países. Incluso se llega a decir que la sociedad egipcia se dividió en dos clases: el faraón y el resto, ya que todo el resto personas, bienes, tierras, le pertenecía, al ser la encarnación de los dioses en la tierra y el señor del alto y bajo Egipto. Pero entre los dos extremos que hemos citado más arriba, existían otras muchas consideraciones: desde los altos funcionarios, verdaderos “faraones” del territorio sobre el que gobernaban, hasta artesanos y campesinos que pagaban sus impuesto y gozaban de una cierta independencia e incluso de bonanza si la economía atravesaba una de sus etapas de expansión.

EL FARAÓN: representante del dios Horus en la tierra y el enlace entre los dioses y los hombres. Se observa una teoría dual de la monarquía, como gobernador del Alto y el Bajo Egipto, por eso el monarca se representa con dos coronas: la blanca del sur y la roja del norte.

SACERDOTES: se dedicaban a ofrendar a los dioses, a cambio recibían tierras e ingresos. En templos como el de Karnak hubo una gran plantilla dedicada exclusivamente a esta labor, y ejercían gran influencia sobre el faraón y las clases dirigentes, pero probablemente no es hasta el Imperio Nuevo cuando la dedicación exclusiva se generaliza. Normalmente era el faraón quien designaba quién estaba al frente del templo, pero a finales del Imperio Nuevo los cargos se hicieron hereditarios en muchos casos. Tenían escuelas para preparar a los jóvenes para el sacerdocio, generalmente provenientes de familias nobles. Recibían los ingresos de las ofrendas de los templos y de los trueques.

EL CLERO DE AMÓN: las primeras alusiones al clero de Amón se encuentran en la XII Dinastía, y era dirigido por un gran sacerdote llamado “el primer profeta de Amón”, que contaba con alto clero y un bajo clero como asistentes. Un amplio personal femenino acompañaba a los sacerdotes: eran las cantoras y las esposas del dios. La reina tenía el título de divina adoratriz. Los sacerdotes de Amón estaban entre los más ricos, lo que favoreció su poder.

EJÉRCITO: el ejército regular no será una realidad hasta el Imperio Nuevo. Hasta entonces, si el rey necesitaba tropas debía recurrir a la ayuda de los nomarcas, que gobernaban en los nomos, la demarcación territorial egipcia. Las tropas regulares estaban en Nubia. En tiempos de Horemheb ay documentación que habla de guarniciones situadas en el Delta y en el Bajo Egipto. Ramsés II llegó a tener cuatro ejércitos bajo la protección de los cuatro grandes dioses de Egipto. Los hicsos introdujeron la utilización del carro como arma de guerra, que tiraban dos caballos y montaban un conductor y un guerrero. La infantería se organizaba en compañías de entre 200 y 500 hombres, cada veinte compañías era una división. Socialmente, los militares eran considerados privilegiados, estaban bien situados económicamente porque participaban de los botines y de donaciones de terrenos. Egipto también tenía marina, pero de este extremo hay menos documentación.




 
Muro Norte de la sala hipóstila de la Capilla de Hathor del Templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari. Detalle del registro inferior con una representación de soldados egipcios marchando con armas, estandartes, abanicos y ramas de arbustos, acompañando la procesión de la diosa Hathor

 
 








LA ADMINISTRACIÓN: un territorio de enromes dimensiones debía estar rígidamente centralizado a través de una red de funcionarios que se encargarán de procurar que se mantuviera unido, tanto a nivel económico como social. Los visires eran los más altos funcionarios, uno vivía en el norte, en Heliópolis, y otro en el Sur. Por debajo de ellos, una red de gobernadores de nomos y condes. Además existían otros que cumplían las funciones de mensajeros, y se encargaban de mantener la cohesión con el resto de nomos. Los funcionarios vigilaban y recaudaban la hacienda pública, eran una clase privilegiada.

LOS ESCRIBAS: se dedicaban a la escritura de documentos de todo tipo: literario, religioso, histórico, administrativo, judicial... Había escuelas de escribas que permitían el acceso a todo aquel que los solicitaba, a pesar de la jerarquización. En una gran fosa de la aldea de trabajadores de Deir el Medina, se han encontrado grandes cantidades de ostraca, un material que se utilizaba para hacer pruebas, y que han proporcionado valiosa información sobre la procedencia plural de quienes sabían escribir, sobre sus modos de vida, y sobre sucesos como la primera huelga de la historia, que se comenta más adelante.
 
 

 

Escriba Sentado
 
 






LOS ARTESANOS: trabajaban para el faraón o para los grandes templos, en amplios talleres bajo la supervisión de un superintendente, un cargo que generalmente era hereditario. La artesanía debió ser muy importante, tanto para objetos suntuarios como de primera necesidad: había carpinteros, escultores, vidrieros, tejedores, pintores, albañiles... que debían trabajar unas ocho o diez horas al día, y ocho días de cada diez, según la semana egipcia.




LOS TRABAJADORES DEL FARAÓN: la política de obras públicas de los faraones obligaba a mantener a un gran número de trabajadores. Uno de los ejemplos más llamativos será la concentración de estos trabajadores en el poblado de Deir el-Medina, del que hablaremos más adelante. El régimen alimenticio de los trabajadores solía estar compuesto de pan, carne de buey, ternera, gacela aves y todo tipo de verduras, además de vino, leche y cerveza. Trabajaban ocho días de cada diez, y los vigilaban escribas, funcionarios y el clero. Muchos de los obreros eran dueños de sus propias casas, y podían ausentarse del trabajo por enfermedad, celebración de la fiesta de la madre o discusión con la esposa. Tenían incluso un tribunal de obreros que dirimía los asuntos que los enfrentaban. Los salarios se pagaban en víveres y puntualmente, y cuando no sucedía se producían huelgas. Parece que los trabajadores del faraón tenían unas condiciones privilegiadas de vida frente al resto de obreros.

LA PRIMERA HUELGA DE LA HISTORIA: se produjo en tiempos de Ramsés III, de la XX Dinastía, nieto de Ramsés II, el Grande. Se conoce su existencia por el Papiro de la Huelga de Turín. Los obreros del Valle de los Reyes eran empleados del faraón y trabajaban ocho días de cada diez de la semana egipcia. Cobraban un salario generalmente en especie, y vivían en la aldea de Deir el Medina, junto a artesanos y escribas. Durante los días de trabajo, no podían abandonar la tumba, excepto en festividades o por orden del patrón, y como medida de control se pasaban largas listas cada día. Los salarios se pagaban por adelantado, a principios de mes. Aunque en esta época del Imperio Nuevo fueron frecuentes los retrasos. Se han encontrado ostracas que narran como las raciones comenzaban a llegar tarde, e incluso manipuladas. Y el hambre les hizo tomar la decisión: los trabajadores se amotinaron, abandonaron su trabajo y se encaminaron hacia los templos para entrar a la fuerza y reclamar su pago. Y lo consiguieron, pero al poco tiempo el retraso se repitió, y con él, las huelgas. Coincidió la segunda huelga con la visita del visir Ta. Consiguieron entonces raciones completas, pero se les advirtió que si volvían a los paros serían castigados. La situación de las siguientes generaciones, bajo el mando de los sucesores de Ramsés III, no mejoró, y tuvieron que volver a movilizarse. Aveces los paros duraban solo días, otras semanas e incluso meses. Casi siempre eran por motivos económicos y no por las condiciones de trabajo. Las últimas noticias de estas movilizaciones son del reinado de Ramsés 
Camino de Deir el-Medina
 
XI, poco antes de desaparecer esta aldea de trabajadores.


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