jueves, 19 de noviembre de 2015

LA ESFINGE

Grandiosa, enigmática, casi mística, milenaria. Es, probablemente uno de los monumentos más reconocidos del mundo, uno de los iconos representativos del poder y la cultura de la antigua civilización egipcia, cuna y tumba de faraones. Es irónico entonces, que la Gran Esfinge de Giza sea también una de las obras arquitectónicas menos comprendidas, a pesar de que los cientificos no han sido frugales en sus investigaciones. Al contrario de lo que sucede con las pirámides vecinas, no sabemos a ciencia cierta quién fue el creador de la Esfinge, a quién está dedicada o exactamente cuando fue construida, aunque no faltan teorías. Más aún, y metiéndonos en el tema que nos concierne, en algún momento de su larga historia, la Esfinge perdió la nariz y, aunque sobran versiones y rumores, en este caso sí tenemos indicios de lo que realmente pasó.
Esfinge2
La autoría del monolito más grande del mundo, aunque incierta, está repartida entre dos faraones del Imperio Antiguo, en un periodo de tiempo muy cercano o el mismo en el que se construyó la segunda de las pirámides, durante el reinado del Faraón Kefrén, hace unos 4.500 años. La primera hipótesis sugiere que fue en tiempos del mismo Kefrén cuando se construyó la Esfinge, y se basa en la similitud de estilos arquitectónicos entre este monumento, el complejo funerario que rodea a la segunda pirámide, la calzada y el Templo del Valle que también forma parte del conjunto construído por Kefrén. La cara humana sobre cuerpo de león representaría a Kefrén o a su padre, Khufu(Keops). En la Estela del Sueño, una piedra tallada un milenio después por el Faraón Tutmoses IV, aparentemente se adjudica la autoría de la Esfinge a Kefrén, pero la evidencia no es concluyente, pues partes del texto se perdieron durante una re-excavación en 1925.

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