martes, 21 de febrero de 2012

Arqueologia experimental

Se ha intentado explicar algunas de estas propuestas por medio de experimentos prácticos. El primero fue realizado por arqueólogos japoneses de la Universidad de Waseda en la década de 1980. El profesor Sakuji Yoshimura intentó emular cerca de Giza la construcción a escala de la Gran Pirámide. El monumento se vino abajo al poco tiempo y estuvo a punto de acabar con todos los obreros.
Mark Lehner realizó en 1994 un experimento similar para un programa de televisión junto al ingeniero estadounidense Rogers Tompkins. Su objetivo era hacer una maqueta de 10 m de lado de la Gran Pirámide. En la medida de lo posible, se copiaron los métodos de trabajo empleados por los antiguos egipcios hace 4.500 años. Se fabricaron rampas de barro por las que se arrastraban las piedras montadas sobre trineos. El suelo era humedecido para evitar que el calor producido por la fricción hiciera arder el deslizador.
Sin embargo, Lehner y Tompkins no consiguieron finalizar la pirámide en el tiempo previsto. Durante el desarrollo del proyecto se presentaron varios problemas inesperados, como la dificultad que suponía colocar un bloque de piedra sobre el trineo, una operación para la que se requiere una habilidad especial, o lo trabajoso que resultaba realizar el giro de 90 grados en las esquinas al arrastrar por la rampa un bloque de tamaño medio. Por el contrario, se comprobó que un bloque de 2 toneladas (el mismo peso que tienen muchos de los que se utilizaron en la Gran Pirámide) puede ser arrastrado por una rampa de entre 10 y 15 grados de pendiente por un grupo de menos de 20 obreros.
Lehner llegó a la conclusión de que la mejor manera de reproducir la Gran Pirámide era empezar reproduciendo la sociedad egipcia de la época faraónica. Según creía, el secreto de la construcción de las pirámides no reside en disponer de una tecnología especialmente sofisticada, sino en la experiencia de los trabajadores, un conocimiento que era transmitido de padres a hijos durante varias generaciones.

5. PALANCAS Y "PROTOPOLEAS"
La última gran teoría clásica sobre la construcción de las pirámides es la que habla del empleo de palancas. Esta hipótesis nace del testimonio de Heródoto. Uno de sus más conocidos baluartes es el ingeniero francés Peter Hodges. En la actualidad el uso de palancas o de otra clase de maquinaria ha sido desestimado por los científicos debido a que no se ha descubierto vestigio alguno que confirme esta hipótesis. No obstante, sí hay constancia de la presencia de una especie de “protopoleas”. Se trata de una cabeza estriada, realizada en piedra dura, por la que se podría deslizar sin romperse una cuerda en giros muy pronunciados. Sin embargo, seguimos sin saber la auténtica finalidad de este artilugio.

6. UNA RAMPA INTERIOR
La teoría más novedosa y original ha sido expuesta por Jean-Pierre Houdin el pasado mes de abril. Según este arquitecto francés, la Gran Pirámide fue construida por medio de rampas situadas tanto en el exterior como en el interior del monumento.
Houdin sugiere que las piedras de la base se colocaron con una rampa exterior. Pero, tras rebasar el primer tercio de la altura del edificio, para llegar a la cima se empleó una rampa interna de 2 m de ancho con una inclinación del 7%. El diseño de esta rampa interna estaba condicionado por la ubicación de las salas del monumento y de los pasadizos que las unen. Por ella se transportaron las piedras de los dos últimos tercios de la pirámide, mucho más ligeras que los bloques de granito de 50 toneladas que se encuentran, por ejemplo, en la Cámara del Sarcófago.
Un estudio de microgravimetría ha demostrado que en el interior de la Gran Pirámide existen, efectivamente, trazos de una posible rampa interior. El único problema que reconoce Houdin en su teoría es el mismo que detectó Lehner: en las esquinas de 90 grados la rampa tendría que haber sido más ancha para girar los bloques de piedra de tal forma que los obreros pudieran empujarlos desde su parte trasera. De lo contrario, los constructores tendrían que haber usado algún tipo de grúa.
La propuesta de la rampa interna ha tenido muy buena acogida en el seno de la comunidad egiptológica. Quizá nos encontremos, por fin, ante una teoría que puede ofrecer respuestas a una de las grandes incógnitas de la egiptología. Aun así, todos parecen coincidir en que esta propuesta no es más que un primer paso, ya que aún son muchos los enigmas que quedan por resolver.

PAPIROS, TUMBAS Y RESTOS ARQUEOLÓGICOS
El empleo de rampas en la construcción de algunos monumentos del Antiguo Egipto cuenta, además de con pruebas de carácter arqueológico, con textos que citan esta técnica y con representaciones de trabajos de este tipo en algunas tumbas. A este respecto, el texto más destacado es el papiro Anastasi I. Su nombre proviene de Giovanni Anastasi, cónsul general de Suecia y Noruega en Egipto a mediados del siglo XIX, entre cuya colección de papiros destaca precisamente el Anastasi I, que, fechado en el año 1300 a.C., recoge problemas matemáticos constructivos como éste: “Hay que construir una rampa de 630 codos de altura (327,6 m) y 55 codos de anchura (28,6 m), que contenga 120 cajas de madera y juncos, arriba [en la cara frontal] debe tener 60 codos de altura (31,2 m), en el centro 30 (15,6 m), con un retroceso de 15 codos (7,8 m), y su [pavimento] tendrá 5 codos (2,6 m) (...). Contéstanos cuántos ladrillos se necesitan”. En lo que se refiere a representaciones de rampas, destaca la encontrada en la tumba de Rekhmire, situada en Luxor

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