martes, 4 de septiembre de 2012

EGIPTODREAMS


Hatshepsut, una mujer que desafió todo el orden establecido en su época para convertirse en el faraón del país más poderoso, Egipto. 
Hatshepsut era hija del faraón Thutmose I y su esposa Ahmose, y perteneció a la XVIII dinastía. Egipto estaba en uno de sus mejores momentos, llegando territorialmente hasta Babilonia. Su ejército era el más poderoso del mundo, y su economía la más próspera. En esta época, los faraones tenían un poder absoluto. Su vida era muy lujosa y llena de todo tipo de comodidades. Los objetos encontrados, tanto joyas, ropas, muebles, como utensilios de cualquier tipo eran de materiales nobles. Los palacios eran muy confortables.

©Fragmento de coloso de Hatshepsut.
Museo Egipcio de El Cairo

Los faraones erigían templos para los dioses y para ellos mismos. Eran dioses en vida, nadie podía dudar de ellos.
Hatshepsut vivió su infancia entre esta opulencia, y muy unida a la corte del faraón. Fue testigo del reinado de su padre, uno de los mayores conquistadores de Egipto, extendiendo el país hasta Babilonia por el Norte, y hasta Nubia por el Sur.
No hay noticias del tipo de educación que recibió, pero debió ser como el resto de la familia real.
Tuvo dos hermanos, pero murieron jóvenes, lo que colocaba a Hatshepsut en la línea sucesoria. Sin embargo una mujer difícilmente podía acceder al trono de Egipto. Cuando murió Thutmose I, le sucedió un hijo que había tenido con una concubina, Thutmose II. 
El ascenso al trono de Hatshepsut fue un juego de poder, con una compleja línea de sucesión. Se casó con su medio hermano Thutmose II. En el Antiguo Egipto, el matrimonio entre hermanos que se daba frecuentemente entre la realeza, no era considerado incesto, ya que era una forma de preservar la sangre real y asegurar la sucesión dentro de la misma familia
Thutmose II gobernó solamente durante tres o cuatro años antes de fallecer. No hay datos de interés sobre su reinado, tan sólo que no estuvo a la altura de su padre. Dejó como heredero a un hijo que tuvo con una esposa menor llamada Asert, que contaba con menos de 12 años de edad. Hatshepsut no tuvo un hijo de él, aunque sí tenía una hija llamada Neferure. Al ser la primera esposa del Rey, se convirtió en Regente de Thutmose III, hacia el año 1.473 A.C.
Se adaptó al poder y disfrutaba de él. Era una magnífica Regente, a la que su inteligencia llevó al éxito, no sin encontrar contratiempos.
Tuvo que ganarse el apoyo de todos los que la rodeaban, comenzando por los sacerdotes de Karnak. Los egipcios creían que el poder venía de Amon, por lo que Hatshepsut participaba en las ceremonias religiosas de los templos, vetado a las mujeres, e incluso a los demás miembros de la familia real. Creó un vínculo muy ventajoso con la clase sacerdotal. También contó con el apoyo del visir Apuseneb, y varios personajes influyentes de la corte.
Respecto al ejército, a pesar de no haber recibido preparación militar, se produjeron durante su reinado algunas campañas de las que salió victoriosa.
Junto a ella estuvo siempre Senenmut. Era un oficial de ascendencia plebeya, al que siempre fue asociado. Es posible que consiguiera un puesto importante en la corte, y luego fuera ascendido a intendente de los templos de Karnak. Algunos historiadores sugieren que pudieron ser amantes, llegando incluso a atribuirle la paternidad de Neferure. Se cree también que fue el preceptor de ésta, hija de Hatshepsut, y arquitecto de la reina. También se ha especulado sobre la influencia de Senmut en el gobierno del país.

Sen En Mut 

Mientras, Thutmose III continuaba creciendo, y educándose como soberano del país. Recibió educación militar, hecho que le llevó a dirigir al ejército durante la Regencia de la reina.
En un momento indeterminado, Hatshepsut se coronó faraón de Egipto. Era muy hábil y manejaba la política y a todos los que la rodeaban con facilidad. Durante años observó a su padre, su forma de gobernar, el funcionamiento de la corte, los templos y el ejército. Esto le sirvió para ganarse a los distintos sectores que la rodeaban.
Sintiendo este apoyo, re clamó el trono basándose en derecho de sangre, tanto de su padre como del dios Amon. En las paredes de su templo encontramos escenas donde Thutmose I, personificando a Amon, camina hacia su esposa para engendrar a Hatshepsut. Se autoproclamó dios, y nadie discutía su poder.
Thutmose III se quedaba en un segundo plano.
Como constructora, realizó obras impresionantes por todo el país. Participó, como otros tantos faraones, en la ampliación de Karnak, construyendo un gran obelisco en memoria de su parentesco con Amon. Varios historiadores admiten la posibilidad de que Senenmut dirigió la construcción del obelisco.
En Deir El Bahari construyó un monumento mortuorio, que sería el símbolo de su reinado. Se trata de uno de los templos más hermosos de Egipto. En sus paredes están representados todos sus logros. Está construido a base de terrazas de grandes dimensiones con columnas que se confunden con la ladera de la montaña. Estas terrazas están conectadas con rampas y las columnatas están formadas por pilares cuadrados. Desde el Valle del Nilo, una avenida de esfinges con el rostro de la reina-faraón conectaba con el templo funerario. En la segunda terraza se encuentran dos capillas, una de ellas estaba dedicada a Hathor y la otra a Anubis, divinidad funeraria.

©Coloso de Hatshepsut en Deir El Bahari

Junto al Templo, está la tumba de Senenmut, a la que se llega por un pasadizo de cientos de metros. Permanece casi intacta, con pinturas en su interior de figuras de este hombre. Su cámara funeraria tiene una estela de puerta falsa en la que hay representados dos Udyat (Ojos de Horus). Su techo es un mapa astronómico con el calendario lunar y los dioses relacionados con el día lunar de cada mes. 
Hatshepsut comenzó a ser representada como un hombre, portando incluso la barba real. Probablemente fuera una forma de que el pueblo creyera que era tan capaz como un hombre de gobernar Egipto.
Durante su reinado, envío una expedición al país de Punt, enclavado posiblemente en la costa de Etiopía. Importaban pieles, marfil y vegetación exótica que adornaría los templos de Amon. En la fachada de Karnak hay representaciones de estas expediciones.
Mientras tanto, Thutmose III Hatshepsut, una mujer que desafió todo el orden establecido en su época para convertirse en el faraón del país más poderoso, Egipto. 
Hatshepsut era hija del faraón Thutmose I y su esposa Ahmose, y perteneció a la XVIII dinastía. Egipto estaba en uno de sus mejores momentos, llegando territorialmente hasta Babilonia. Su ejército era el más poderoso del mundo, y su economía la más próspera. En esta época, los faraones tenían un poder absoluto. Su vida era muy lujosa y llena de todo tipo de comodidades. Los objetos encontrados, tanto joyas, ropas, muebles, como utensilios de cualquier tipo eran de materiales nobles. Los palacios eran muy confortables.

©Fragmento de coloso de Hatshepsut.
Museo Egipcio de El Cairo

Los faraones erigían templos para los dioses y para ellos mismos. Eran dioses en vida, nadie podía dudar de ellos.
Hatshepsut vivió su infancia entre esta opulencia, y muy unida a la corte del faraón. Fue testigo del reinado de su padre, uno de los mayores conquistadores de Egipto, extendiendo el país hasta Babilonia por el Norte, y hasta Nubia por el Sur.
No hay noticias del tipo de educación que recibió, pero debió ser como el resto de la familia real.
Tuvo dos hermanos, pero murieron jóvenes, lo que colocaba a Hatshepsut en la línea sucesoria. Sin embargo una mujer difícilmente podía acceder al trono de Egipto. Cuando murió Thutmose I, le sucedió un hijo que había tenido con una concubina, Thutmose II. 

El ascenso al trono de Hatshepsut fue un juego de poder, con una compleja línea de sucesión. Se casó con su medio hermano Thutmose II. En el Antiguo Egipto, el matrimonio entre hermanos que se daba frecuentemente entre la realeza, no era considerado incesto, ya que era una forma de preservar la sangre real y asegurar la sucesión dentro de la misma familia
Thutmose II gobernó solamente durante tres o cuatro años antes de fallecer. No hay datos de interés sobre su reinado, tan sólo que no estuvo a la altura de su padre. Dejó como heredero a un hijo que tuvo con una esposa menor llamada Asert, que contaba con menos de 12 años de edad. Hatshepsut no tuvo un hijo de él, aunque sí tenía una hija llamada Neferure. Al ser la primera esposa del Rey, se convirtió en Regente de Thutmose III, hacia el año 1.473 A.C.

Se adaptó al poder y disfrutaba de él. Era una magnífica Regente, a la que su inteligencia llevó al éxito, no sin encontrar contratiempos.
Tuvo que ganarse el apoyo de todos los que la rodeaban, comenzando por los sacerdotes de Karnak. Los egipcios creían que el poder venía de Amon, por lo que Hatshepsut participaba en las ceremonias religiosas de los templos, vetado a las mujeres, e incluso a los demás miembros de la familia real. Creó un vínculo muy ventajoso con la clase sacerdotal. También contó con el apoyo del visir Apuseneb, y varios personajes influyentes de la corte.
Respecto al ejército, a pesar de no haber recibido preparación militar, se produjeron durante su reinado algunas campañas de las que salió victoriosa.
Junto a ella estuvo siempre Senenmut. Era un oficial de ascendencia plebeya, al que siempre fue asociado. Es posible que consiguiera un puesto importante en la corte, y luego fuera ascendido a intendente de los templos de Karnak. Algunos historiadores sugieren que pudieron ser amantes, llegando incluso a atribuirle la paternidad de Neferure. Se cree también que fue el preceptor de ésta, hija de Hatshepsut, y arquitecto de la reina. También se ha especulado sobre la influencia de Senmut en el gobierno del país.

Sen En Mut 

Mientras, Thutmose III continuaba creciendo, y educándose como soberano del país. Recibió educación militar, hecho que le llevó a dirigir al ejército durante la Regencia de la reina.
En un momento indeterminado, Hatshepsut se coronó faraón de Egipto. Era muy hábil y manejaba la política y a todos los que la rodeaban con facilidad. Durante años observó a su padre, su forma de gobernar, el funcionamiento de la corte, los templos y el ejército. Esto le sirvió para ganarse a los distintos sectores que la rodeaban.
Sintiendo este apoyo, re clamó el trono basándose en derecho de sangre, tanto de su padre como del dios Amon. En las paredes de su templo encontramos escenas donde Thutmose I, personificando a Amon, camina hacia su esposa para engendrar a Hatshepsut. Se autoproclamó dios, y nadie discutía su poder.
Thutmose III se quedaba en un segundo plano.

Como constructora, realizó obras impresionantes por todo el país. Participó, como otros tantos faraones, en la ampliación de Karnak, construyendo un gran obelisco en memoria de su parentesco con Amon. Varios historiadores admiten la posibilidad de que Senenmut dirigió la construcción del obelisco.
En Deir El Bahari construyó un monumento mortuorio, que sería el símbolo de su reinado. Se trata de uno de los templos más hermosos de Egipto. En sus paredes están representados todos sus logros. Está construido a base de terrazas de grandes dimensiones con columnas que se confunden con la ladera de la montaña. Estas terrazas están conectadas con rampas y las columnatas están formadas por pilares cuadrados. Desde el Valle del Nilo, una avenida de esfinges con el rostro de la reina-faraón conectaba con el templo funerario. En la segunda terraza se encuentran dos capillas, una de ellas estaba dedicada a Hathor y la otra a Anubis, divinidad funeraria.


©Coloso de Hatshepsut en Deir El Bahari

Junto al Templo, está la tumba de Senenmut, a la que se llega por un pasadizo de cientos de metros. Permanece casi intacta, con pinturas en su interior de figuras de este hombre. Su cámara funeraria tiene una estela de puerta falsa en la que hay representados dos Udyat (Ojos de Horus). Su techo es un mapa astronómico con el calendario lunar y los dioses relacionados con el día lunar de cada mes. 
Hatshepsut comenzó a ser representada como un hombre, portando incluso la barba real. Probablemente fuera una forma de que el pueblo creyera que era tan capaz como un hombre de gobernar Egipto.
Durante su reinado, envío una expedición al país de Punt, enclavado posiblemente en la costa de Etiopía. Importaban pieles, marfil y vegetación exótica que adornaría los templos de Amon. En la fachada de Karnak hay representaciones de estas expediciones.

Mientras tanto, Thutmose III alcanzó la edad para gobernar, pero Hatshepsut seguía en el poder, sin estar dispuesta a dejarlo. No se sabe de qué intrigas religiosas y políticas tendría que valerse para conseguirlo.
Aproximadamente a los 22 años de su reinado, desaparece de la escena, sin que se sepa si fue derrocada, asesinada, muerta de forma natural, ni qué ocurrió con su cuerpo. Thutmose III se había proclamado faraón de Egipto.
Fue eliminada de los registros y de las listas de reyes. Sus estatuas fueron destruidas y enterradas en la arena del desierto. Sus imágenes en los templos fueron borradas. Las estatuas que presiden su templo fueron decapitadas. Todas sus inscripciones fueron borradas. No se sabe con certeza si fue una venganza de Thutmose III, ya que todo esto ocurrió veinte años después de la ascensión de éste al trono. Posiblemente fuera el deseo de reescribir la historia, prescindiendo de la figura de Hatshepsut, faraón de Egipto.
 la edad para gobernar, pero Hatshepsut seguía en el poder, sin estar dispuesta a dejarlo. No se sabe de qué intrigas religiosas y políticas tendría que valerse para conseguirlo.
Aproximadamente a los 22 años de su reinado, desaparece de la escena, sin que se sepa si fue derrocada, asesinada, muerta de forma natural, ni qué ocurrió con su cuerpo. Thutmose III se había proclamado faraón de Egipto.
Fue eliminada de los registros y de las listas de reyes. Sus estatuas fueron destruidas y enterradas en la arena del desierto. Sus imágenes en los templos fueron borradas. Las estatuas que presiden su templo fueron decapitadas. Todas sus inscripciones fueron borradas. No se sabe con certeza si fue una venganza de Thutmose III, ya que todo esto ocurrió veinte años después de la ascensión de éste al trono. Posiblemente fuera el deseo de reescribir la historia, prescindiendo de la figura de Hatshepsut, faraón de Egipto.

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