domingo, 2 de septiembre de 2012

Dinastia XXV de Egipto


La dinastía XXV de Egipto, o Kushita (c. 747 a 664 a. C.) es originaria de la ciudad-estado de Napata (Kush). Desde allí, el primer rey de esta dinastía, Alara, invadió y conquistó toda Nubia superior. El templo de Amón de Gebel Barkal se convirtió en el centro religioso alrededor del cual se constituyó una aristocracia local cuyos jefes se hacían enterrar en la necrópolis vecina de El Kurru, y terminaron por constituirse en dinastía; el primer soberano del que se conoce el nombre es Alara, pero parece que sería en realidad el séptimo de la dinastía. Al final de su reinado, desde Meroe hasta la tercera catarata del Nilo estaban bajo poder de su sucesor, Kashta.
Esta dinastía fue coetánea de la XXIIXXIII y XXIV, hasta que, en 747 a. C., sus reyes consiguieron controlar el Alto Egipto. En 715 a. C. reunificaron el país y se mantuvieron como la única dinastía reinante. Su origen los hará llamar faraones negros, faraones etíopes o también faraones kushitas. En 762 a. C. el reino de Sais resurgió, pero siguió siendo vasallo de los kushitas. Esta dinastía es considerada por la mayoría de los historiadores la época final del Tercer periodo intermedio de Egipto.
Las pirámides de Meroe.

Contenido

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[editar]Antecedentes

Egipto siempre consideró necesario controlar el país de Kush (Nubia), tanto para proveerse de materiales como para proteger sus rutas comerciales, y lo incorporó a la corona, convirtiéndolo en virreinato, en el siglo XVI a. C. El territorio pasó por una egiptización, con periódicas visitas de los faraones y sus visires, la construcción de numerosos templos con la consiguiente llegada del clero, y el envío de los príncipes a la corte para ser educados.
Tras la muerte de Ramsés XI, la inestabilidad política hizo que los kushitas se desentendieran de sus vecinos norteños y sus peleas por el poder, creándose un reino independiente en la Alta Nubia con capital en Napata, que fue creciendo a costa de Egipto. Durante siglos, los reyes mantuvieron las costumbres egipcias, aunque no la religión. Pero tomaron ejemplo del arte, laarquitectura, la escritura. Mantuvieron costumbres como la momificación, las tumbas piramidales y, lo más importante, la noción de ser los herederos de los faraones, descendientes del dios Amón que tenía una residencia en Napata. Tanto es así, que en el siglo VIII a. C., Kashta, tras conquistar la Baja Nubia hasta llevar la frontera a la primera catarata, se coronó con una titulatura plenamente egipcia. Su hijo Piye, reclamó todo Egipto.

[editar]La conquista

Geografía de Kush (Nubia): sus soberanos unieron todo Egipto bajo su control.
Piye se lanzó a la "recuperación" del territorio egipcio en el año tercero de su reinado, proclamando su soberanía sobre los gobernantes del norte.
Comenzó a involucrase en los asuntos del Alto Egipto y llegó a tener cierta influencia política en la zona; su sucesor, Pianjy, comenzó la conquista de Egipto pero Tefnajt, gobernante de Sais le opuso resistencia y creó una poderosísima coalición para hacerle frente, aunque fue vencido y Pianjy reunificó bajo su control el Alto Egipto y la zona central de Egipto, adoptando la titulatura de faraón, por lo que se le considera el primer faraón de esta dinastía. Su sucesor, Shabako, luchó para evitar que Egipto fuera conquistado por Sargón II de Asiria, y lo consiguió, lo que aprovechó para ocuparse de construir monumentos y dedicarse más a las letras.
El siguiente rey, Shabitko, rompe la política de paz de sus predecesores y se enfrenta a Asiria. Eso provoca que durante el reinado de su sucesor, Taharqo, los asirios intenten conquistar Egipto, cosa que lograrán en el año 671 a. C., conquistando Menfis, expulsando a Taharqo e imponiendo a Necao I como faraón, que inaugura la vigésimo sexta Dinastía. Desde el exilio, Taharqo promovió muchas revueltas.
Su sucesor Tanutamani reconquistó Egipto, pero los asirios le obligaron a marchar del Bajo Egipto limitando sus territorios al Alto Egipto, hasta que las tropas de Psamético I entraron pacíficamente en Tebas en 656 a. C. Tanutamani solo mantendrá bajo su mandoNubia hasta el año 653 a. C., cuando murió.

[editar]Gobierno

Caja de Shepenupet II, Divina adoratriz de Amón, hija del faraón Pianjy.
A pesar de proceder de un ambiente étnico diferente, los cinco faraones nubios no se consideraban invasores, sino unificadores de un gran Egipto: el Alto y Bajo Egipto de un lado y Kush de otro. Para indicarlo, añadieron otra cobra al uraeus (la cobra de la corona).
Los reyes nubios se consideraron representantes genuinos de las tradiciones, y se dedicaron a la construcción con cierto carácter arcaico, respetando escrupulosamente los hábitos y las instituciones; se afirmaron como plenamente egipcios, guardando al mismo tiempo su apariencia de negros africanos en los retratos. Ejercieron su control sobre los sacerdotes locales obligándoles a admitir nubios entre sus filas: En Tebas, la divina adoratriz tuvo que adoptar para sucederle una hija de Kashta, Aménardis, y los príncipes kushitas se integraron en el clero de Amón junto a las grandes familias de tebanas. El considerado primer faraón de esta dinastía, Sabacon o Shabaka, reinó desde Menfis.
A partir de este período se manifestó una intensa actividad intelectual y artística que buscaba sus referencias en las formas antiguas del pasado, en particular en el Antiguo Imperio. El poder kushita, deseoso de integrarse en la tradición institucional faraónica y de mezclarse con las élites egipcias, reanudó una activa política en favor de los templos.

[editar]La dinastía XXV en los antiguos textos

Manetón, según Julio Africano y Eusebio de Cesarea (versión de Jorge Sincelo y armenia), solo comenta que la dinastía XXV consistió en los siguientes tres reyes etíopes:
Sabacon, quien tras capturar a Bokkoris, lo quemó vivo y reinó 8 (o 12) años.
Sebijos (o Sebikos), su hijo, que reinó 14 (o 12) años.
Tarcos (Taracos o Saraco), que reinó 18 (o 20) años.
No menciona ni al primer rey, Pianjy, ni al último rey, Tanutamani, aunque existen inscripciones que refrendan la existencia de ambos.
Esta dinastía es considerada, por la mayoría de los egiptólogos, el final del Tercer periodo intermedio de Egipto: las dinastías XXI, XXII, XXIII, XXIV y XXV.

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