martes, 31 de enero de 2012

Estudios sobre Tutankamon

Varios de los misterios sobre la muerte y origen familiar del faraón Tutankamón fueron develados mediante un estudio, el cual señala que el joven rey egipcio falleció a causa del paludismo (malaria) y una enfermedad ósea, además de que su padre sería Akenatón.

Los resultados de la investigación, que se desarrollo de 2007 a 2009, fueron publicados en el último número de la revista Journal of the American Medical Association (JAMA). El estudio conocido como Familia Real Tutankamón, estuvo encabezado por Zahi Hawass, del Consejo Supremo de Antigüedades de El Cairo y sus colegas.

“Debido a su muerte prematura, sin dejar descendencia, ha habido numerosas especulaciones sobre las enfermedades que pudieron sobrevenirle. Sin embargo, la mayoría de los diagnósticos establecidos son hipótesis derivadas de la observación y de la interpretación de los utensilios materiales encontrados en las tumbas, y no por la evaluación de los restos momificados de las personas reales”, aclaran los autores del estudio.


TRABAJO. El grupo de científicos, donde también colaboraron expertos de Italia y Alemania, realizó análisis antropológicos, radiológicos y del DNA de la momia de Tutankamón y otras diez de la época (entre 1410 y 1324 a.C), posiblemente emparentadas con el joven rey y de las cuales sólo se conocía la identidad de tres.

Con la investigación se puso nombre a varias de las momias anónimas, entre ellas la KV35EL que fue identificada como la de Tiye, madre del faraón Akenatón y abuela de Tutankamón, y la misteriosa momia KV55, que con toda probabilidad es la de Akenatón. Además de KV35, posible madre de Tutankamón, aunque se desconoce su identidad.

De acuerdo con los análisis, el lazo padre-hijo entre Akenatón y Tutankamón se desprende de los rasgos antropológicos característicos y del grupo sanguíneo idéntico que comparten.

Además, los trabajos genéticos establecieron la ascendencia de Tutankamón durante cinco generaciones.


ENFERMEDADES. Los científicos hallaron varias patologías que sufría Tutankamón. Una de éstas es el mal de Kohler: una necrosis avascular (por falta de riego sanguíneo) que afecta al segundo y tercer metartasiano izquierdos del pie, y la presencia del parásito del paludismo en la momia de Tutankamón, así como en varios de sus familiares.

“Estos resultados señalan a la necrosis avascular ósea y al paludismo como causas más probables de la muerte de Tutankamón”, diagnóstico que se comprueba por el hallazgo de bastones para andar, según los autores.

“Este hecho demuestra que los bastones encontrados, como los de caña de azúcar, no obedecen a una cuestión meramente estética o simbólica, sino a un problema físico real”, precisan.

El estudio también desmiente que el faraón sufriera de ginecomastia, un desarrollo exagerado de los pechos en los varones, o del síndrome de Marfan, que se caracteriza por una longitud excesiva de los miembros.

Estos padecimientos, indican los investigadores, fueron sugeridos a raíz de los objetos hallados en las tumbas y de las representaciones artísticas de los faraones y su entorno en el período de Amarna, que muestran rasgos andróginos.

“Es importante destacar que los antiguos reyes egipcios tenían por costumbre ser representados junto con sus familias, de un modo idealizado”, explican.


DINASTÍA. El periodo de Amarna se desarrolló durante la segunda mitad de la Dinastía XVIII de Egipto y estuvo marcado por el reinado de Amenhotep IV, quien adoptó el nombre de Akenatón para reflejar el cambio de una religión politeísta a otra en la que sólo se adoraba al dios-sol Atón.

Los autores de la investigación afirman que ésta abre un nuevo campo de estudio en la genealogía molecular y la paleogenética de las enfermedades en la época de los faraones.

“Se puede establecer una nueva disciplina científica llamada egiptología molecular que combine las ciencias naturales, las ciencias de la vida y la cultura, las humanidades, la medicina y otros campos”, dicen.

En un editorial en el mismo número de JAMA, el historiador de la medicina Howard Markel, de la Universidad de Michigan, se pregunta sin embargo, sobre la utilidad y la ética de este tipo de estudios.

“Antes de molestar a los muertos con las perspicaces maravillas de la ciencia médica del siglo XXI”, señala Markel, es esencial “considerar las implicaciones éticas de estas pesquisas, para evitar abrir la caja de Pandora de la historia”.

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